La
Piel
Mi búsqueda como artista ha sido desde el comienzo un viaje
hacia la existencia. A través de la exploración
de los paisajes he ido a lo profundo de mis propias raices.
La curiosidad por conocer lugares salvajes y el impulso de la
aventura me llevó a las selvas y ríos de América
del Sur. El viaje se convirtió en experiencia permanente
cuando construí una cabaña en la selva amazónica
y me sumergí en el fluir salvaje de la vida tropical. Ahí,
más allá del sonido interminable de las creaturas
del bosque, empezé a escuchar el susurro del lugar. Mis
sentidos, mi existencia, resonaron con el pulso de la tierra.
Crecimiento y transformación, sedimentación y erosión:
el fluir de la materia y el tiempo es lo que labra los lugares,
las creaturas y las cosas, así como mi diálogo con
lo natural. Cuadernos de bitácora, códices y mapas
-hechos de cortezas de árboles, papeles artesanales, pergaminos
y cueros- son instrumentos de navegación y crónicas
de viaje, cartografías de lo efímero y lo eterno,
de silencios y vacios.
La Piel trata de la fragilidad como característica primaria
de la tierra viviente, ese delgado tejido de vida que crece de
lo mineral, del aire, del agua y la luz. Trata de su fragilidad
y resistencia, metáfora de nuestra propia existencia.
Trata del fluir interminable de la vida, un solo organismo en
constante metamorfosis.
Trata de nuestro diálogo sagrado con el paisaje y sus seres,
de la transformación de lo natural a lo cultural, reconociendo
así nuestros orígenes.
Y trata de la liviandad, ese estado de ser que comparte la misma
sustancia con los sueños.
La
exhibición La Piel DeLeon White Gallery,
Toronto, 2004- así como Bitácoras y otros
sueños Gallery Route One, California,2003-
reunieron en formatos similares la serie de libros de artista, Bitácoras, y la serie de pinturas y dibujos
sobre pergamino, Codex.